A los 160 años…

2 01 2008

Reproducimos el artículo escrito por D. Jaime del Burgo y publicado en el Boletín Carlista número 3 (diciembre de 1993), con motivo del 160 aniversario del primer levantamiento carlista protagonizado por Manuel María González, administrador de correos y comandante del 15º batallón de voluntarios realistas, quien fue el primero en proclamar a Carlos V como rey de España, en la tradicionalista Talavera de la Reina.

 A los 160 años. . . Por Jaime del Burgo

El  rey Fernando VII, doblemente infiel porque lo fue a la monarquía española, cuyas leyes dinásticas vulrneró, y a la ideología tradicional del pueblo que lo elevó al trono como el más deseado de todos los monarcas, expiraba lentamente en su palacio de Madrid.
El final estaba cerca, y cumplidos todos los requisitos de la gran usurpación, los ministros le habían dejado sólo, sin más compañía que la de su esposa la reina napolitana María Cristma. Eran las tres menos cuarto de la tarde del 29 de septiembre de 1833, cuando le sobrevino un ataque de apoplejía que terminó rápidamente con su vida.

El hombre quedó en paz, pero el país comenzó a agitarse haciendo buena aquella frase del monarca cuando se comparó con una botella de cerveza cuyo tapón era él mismo. “Cuando yo muera – decía saltará el tapón y la cerveza se derramará salpicando a todos”. El país iba, en efecto, a padecer una efervescencia que duraría siete años.

Madrid, Talavera de la Reina, Cataluña Valencia, el Maestrazgo, Castilla, las Provincias Vascongadas, Aragón y Navarra iban a ofrecer ejemplos vivos del más acendrado españolismo. Iban a escribir sublimes páginas en la historia, que son las piedras miliares de la España tadicional, mojones del camino de la eternidad y la gloria. Y nosotros comprenderemos cómo se honra y enaltece la tierra de nuestros mayores. Son patentes heráldicas, mitos sublimes que avivan los recuerdos y renuevan la memoria. Al igual que las piedras mágicas que tenían el poder de conjurar los hados, son para nosotros llamadas de atención, hitos sublimes que están ahí, por designio de la Providencia, para mostramos el camino,. para señalarmos un ejemplo a seguir. En medio de una explosión de luz y de gloria que aureolan su patetico sacrificio nada más conmovedor que esa plétora de iniciadores del Carlismo con vocación de héroes y de mártires. La historia se repite desde entonces incesantemente renovada, como el tejer de Penélope, siempre destruido y siempre renacido.

El 29 de septiembre de 1833, las campanas doblan a muerto. Ya está todo preparado en el ruedo ibérico. Ya se mueven los caballos y los alfiles en un dramático y apasionante juego de ajedrez.Legitimistas por un lado, liberales por otro, “blancos” y “negros” se les llamara en Navarra, como para poner más de manifiesto la similitud del escaque.

Está generalmente admitido que el primer chispazo se produjo en Talavera de la Reina, la vieja Talabriga de los patricios romanos. Manuel María González, administrador de correos y comandante del 15° batallón de voluntarios realistas, se hallaba en Madrid cuando falleció Fernando VII. Había sido separado del empleo y sueldo por haber participado en una conspiración realista en Octubre de 1832, y le faltó tiempo para dirigirse a Talavera el día 30 y convocar aquella misma tarde a las dos compañías del batallón realista de dicha localidad. Al frente de ellas, proclamó solenmemente a Carlos V en la plaza pública como rey legítimo de España.

Secundado por sus hijos y otros familiares, envió mensajeros a los pueblos vecinos, pero no logró que se le sumara la 4 compañía del 15º batallón, y. en las inmediaciones de Puente del Arzobispo, donde halló fuerte resistencia cayeron prisioneros su hijo Manuel y otros sublevados, los cuales fueron inmediatamente fusilados. No tardó el propio comandante en caer igualmente prisionero en Villanueva de la Serena con su otro hijo Francisco Vicente y varios insurrectos, que también fueron pasados por las armas el 25 de octubre.

Pero los realistas de Talavera de la Reina tenían ramificacíones en otros puntos de España, en particular en las Provincias Vascongadas. En Bilbao se conoció la muerte de Fernando VII en las primeras horas del día 3, y los realistas y los miqueletes, con mayor fortuna que los de Talavera, se apoderaron rápidamente de la Villa y reinstauraron la diputación foral.

El primero en proclamar a Carlos V en Navarra fue el maríscal de campo Santos Ladrón de Cegama que huyó de Valladolid la noche del 30 de septiembre en que se enteró del fallecimiento del monarca.Después. de conferenciar en la Rioja con varias personas influyentes se presentó en Los Arcos con escasas fuerzas, y batido por el brigadier Lorenzo, fue hecho prisionero y fusilado en la ciudadela de Pamplona 14 de octubre.

También Alava, Cataluña y Aragón estuvieron presentes en la primera hora. Y bien pudo decir Carlos VII en su Testamento Político: “Inmenso es mi agradecimiento a los vivos y a los muertos de nuestra Causa. Para probarlo y perpetuar su memoria instituí la fiesta nacional de nuestros Mártires. Continuadla religiosamente los que hayáis de sobrevivirme” .

Es lo que hecemos al conmemorar el sacrificio de los mártires de Talavera de la Reina, que nos marcaron la pauta para vivir con dignidad y morir con honor.

Pamplona, 30 de septiembre de 1993

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