10 de Marzo, 2 de Mayo, los mismos héroes, el mismo ejemplo

7 03 2008

La bandera Dios, Patria y Rey, no es sólo la bandera de los defensores de la Dinastía Carlista, felizmente representada por D. Carlos Mª Isidro de Borbón, y sus descendientes, sino que es ante todo la enseña nacional de la inextinguible dinastía de los patriotas españoles.

Por ello, los Carlistas, próxima la festividad del 2 de Mayo, tienen la obligación de rendir culto a los primeros mártires que dejaron derramada su sangre por los eternos principios de Dios, Patria y Rey.

Efectivamente, los mártires de la afrancesada murieron por los mismos principios que los mártires de las carlistadas. La causa fue la misma, la defensa de la eterna España y de su Fe verdadera, una misma fue su bandera, la del derecho a seguir siendo españoles y a no pertenecer a una Europa descristianizada e injusta, e idéntico fue el grito que los lanzó a la pelea: ¡Viva la Religión!

Ciertamente, el pueblo español no se levantó contra el francés sólo por opresor o por conquistador, sino ante todo, por ateo y revolucionario. De otra forma no cabe entender que en 1808 se levantara el mismo pueblo que mas tarde recibiría con gusto a los también franceses “Cien mil Hijos de San Luis” en 1823.

Así, el mismo espíritu religioso y patriótico que animó a levantarse a la España de 1808 contra la invasión francesa, es el que animó al pueblo español a levantar y sostener guerras contra el liberalismo liberticida en el siglo XIX al igual que  contra el marxismo ateo en el siglo XX, y el que anima a los carlistas del siglo XXI a enfrentarse ideológicamente al indiferentismo suicida del presente siglo.
 
El levantamiento del 2 de mayo, fue el primero de los combates, pero no el definitivo. El invasor francés fue derrotado en su presencia física, pero no en su deplorable herencia espiritual. El extranjero fue expulsado de nuestro suelo patrio, pero su filosofía arraigó en una minoría intelectual deshumanizada y deshumanizadora. El liberalismo del siglo XIX y el marxismo del siglo XX fueron los espurios hijos de la Revolución Francesa.

En la gloria patria se unen las fabulosas resistencias de Gerona y Zaragoza, con las memorables batallas de Montejurra o Lácar, y con las gloriosas Brigadas de Navarra.

Si misma fue su causa, si misma su fe, si misma su bandera, mismos fueron sus héroes, así, entre otros muchos, los Merinos o los Zumalacarreguis continuaron la incansable lucha por Dios y por la Patria aún después de expulsar al impío francés.

Hoy como siempre, los carlistas dirigen su oración a los mártires de la tradición, y muy especialmente a los mártires de la Guerra de la Independencia, pues ellos labraron el glorioso camino que habrían de seguir los defensores de la legitimidad proscrita, y que regaron con su sangre los valientes Requetes de la Cruzada del 36.

Los suspiros de los héroes de la Independencia se confunden con los suspiros de los carlistas mártires, pues todos ellos murieron musitando el nombre de nuestro señor Jesucristo y vivieron defiendo un mismo ideal: DIOS, PATRIA y REY.

Carlos María Pérez- Roldán y Suanzes- Carpegna

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